Se mira pero no se toca

Un baile. Algo improvisado. Se me da bien improvisar. Sólo necesitaría que te sentaras en alguna parte y prestaras atención.

Empezaría con una bata de raso negra puesta. Lo primero que haría sería quitarme la bata. Al principio la abriría sólo un poco, mostrando parte de mi cuerpo, dejando entrever uno de mis mulsos y, luego un hombro y parte del pecho. Lentamente, me la quitaría mientras bailo y te miro, hasta quedarme en ropa interior. Una vez así, me daría la vuelta dándote la espalda y, me agacharía hasta tocarme la punta de los pies para mostrarte lo que puedes llegar a conseguir si te portas bien. Desde esa postura, te miraría y luego, acariciándome las piernas subiría con las manos hasta mis caderas.

Una vez erguida, te miraría de frente y me sentaría sobre ti, sólo un segundo, para besarte y comprobar que la tienes tan dura y gorda como a mí me gusta.

Me volvería a poner en pie y de espaldas de nuevo. Ahora le toca el turno a la ropa interior.

Desabrocharía el enganche del sujetador. Primero un tirante y luego otro. Me agarraría fuerte la prenda contra mis pechos, para no dejarte ver nada aún; y desde ahí seguiría moviendo el culo.

Me encanta verte en esa situación de “sufrimiento”, pero yo mando.

Y ahora, ups… se me cae el sujetador. Ahí te dejaría tocar un poquito… pero con la boca, así que me vuelvo a sentar encima de ti. Acercaría tu boca a mis tetas; tú te encargarías de lamerlas y morderlas con ansia y, mientras yo, de mover mis caderas y me rozarme contra tu polla.

Subirías a mi oído y susurrarías “sigue, no pares o tendré que follarte ya sin dejarte terminar”.

Así que sonreiría pícara y me levantaría, volvería a ponerme de espaldas y me quitaría lentamente las braguitas. Primero un pie, y luego el otro. Mientras, en esa postura podrías observar a la perfección cuál es tu húmedo premio. Querrías lamerme y masturbarme así, sé que no aguantarías más.

Este juego me pone tan cachonda…

Te metería mis braguitas en tu boca unos segundos para que puedas saborearme también a través de la tela y te diría “tengo hambre” al mismo tiempo que me arrodillo frente a ti.

Empiezo a lamerte, a chuparte, a meterme tu polla en la boca durante un buen rato.

Me apetece tanto follarte así, tú sentado y yo encima, como si fuese una puta a la que acabas de contratar para que te baile y te folle. Así que me sentaría encima, la agarraría fuerte y me la metería poco a poco… Dios… ya era hora.

 

Mientras mis tetas se aplastaran contra tu pecho y nuestras bocas entrelazaran sus lenguas, empezaría a gemir suave.

Aumentaría el ritmo. Lo notarías en la respiración, lo notarías en tu polla. Sentirías que vas a estallar.

“¿Te gusta?” Joder, me encanta follarte.

Escrito por María Esclapez

María Esclapez

Psicóloga especializada en Sexología Clínica y Terapia de Parejas. Sex Coach.

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