Guía para resolver conflictos en pareja

Compartir tu vida con otra persona puede ser maravilloso, sin embargo a veces la vida en pareja genera conflictos que no sabemos resolver, ya sea por desconocer la causa o el mantenimiento.

Si cada persona es un mundo, imaginaos dos mundos interaccionando; así pues lo que viene a continuación es sólo algo orientativo y que, personalmente he ido recopilando tanto en cuanto a experiencias personales como a lecturas sobre el tema. Pueden darse multitud de casos, pero para hacernos una pequeña referencia, me gustaría reflejar en esta entrada algunas de las que yo consideraría posibles situaciones psíquicas y comunicativas que, a grosso modo, podrían explicar ciertos comportamientos que influyen sobre este asunto:

Mala interpretación:

No tenemos acceso al estado intrapsíquico de nuestra pareja, por lo que cualquier muestra de él/ella puede ser malinterpretada en forma de desinterés, negligencia o mala intención. Esto hará que recuperemos los estilos de conducta defensiva hacia la otra persona.

Diferentes destrezas verbales:

Puede que cada uno tenga diferentes habilidades de comunicación a la hora de relacionarse, y que, por ejemplo, cuando uno de los dos se quede en silencio no signifique que otorgue nada o se haya quedado sin argumentos sino que se ha bloqueado por la situación o no sepa cómo explicarse de forma adecuada.

Expectativas falsas sobre cómo se debe comportar el otro en una relación:

Es posible que alguno de los dos tenga unas exigencias extremas en cuanto a la relación en comparación con otros vínculos afectivos (madre, padre, hermana/o, etc).

Expectativas elevadas:

No podemos esperar a qué nuestra pareja afronte sus miedos, limitaciones y carencias por amor a nosotros. El típico ‘Si me quisiera, haría esto…‘ queda descartado por tanto como justificación a nuestro enfado.

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Solicitar empatía sin entregarla:

Queremos que nuestra pareja nos entienda y comprenda en todos los aspectos, sin embargo nosotros nunca o pocas veces nos ponemos en su lugar y pensamos que a él/ella también hay cosas que le pueden sentar mal.

No siempre está presente la auto-crítica y puede haber una asunción del porcentaje de responsabilidad:

Es decir, durante un conflicto entre dos personas, puede que los dos tengáis cierta responsabilidad y parte de culpa, pero eso pocas veces solemos reconocerlo por nosotros mismos.

Esperar que el otro sepa lo que opino o siento:

No podemos esperar a que la otra persona adivine mágicamente lo que estamos pensando o sintiendo en torno a algo concreto. Es curioso que, sin embargo, cuando la otra persona supone, reprochemos que no haya preguntado antes.

Marco de referencia:

Creemos que nuestros criterios son los “normales y lógicos”, aún así, es necesario saber que cada ser humano genera su propio marco de referencia a partir de la incidencia de numerosas variables (historia familiar, aprendizaje y experiencias, ámbito social en general, biología, etc.). Para esto, lo importante es aprender a respetar y negociar sin imponer nuestra “verdad”.

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Tendencia a perseverar en estrategias de solución de problemas:

Curiosamente, todos creemos que el método que utilizamos para resolver problemas es el mejor, sin embargo a veces con estos métodos no obtenemos cambios que beneficien la relación. Si esto pasara, es hora de dejar espacio a un nuevo método, ya que si perseveramos en el error caemos en la frustración y en una monotonía negativa de pareja.

Retroalimentación:

Normalmente, las relaciones interpersonales se caracterizan por la influencia bidireccional (la conducta de uno influye en la respuesta del otro y a la inversa), esto quiere decir que, a lo que uno haga va a responder el otro y viceversa. Por ejemplo: Si uno de los dos piensa que el otro le puede estar ocultando algo, éste/a empezará a preguntar, lo que hará que la otra persona se vuelva hermética al verse “invadido/a” aunque no haya nada que esconder, y a su misma vez la primera piense que se comporta de esta manera porque está escondiendo algo. Esta situación se ve retroalimentada y claro, de un granito de arena se hace un castillo.

Expectativas auto-cumplidas:

Si damos por sentado realidades, puede que este hecho nos haga poner en marcha conductas que den lugar y precipiten esas expectativas. Por ejemplo: pensar ‘Mi pareja me está siendo infiel‘ y realizar conductas de espionaje o controlar a nuestra pareja (dónde va, con quién, cuándo sale, cuándo entra…) hará que ésta se vea presionada y la relación decaiga, cosa que aumenta la probabilidad de que la pareja se harte y quiera conocer a terceras personas.

Por otra parte y para finalizar, es importante saber que no tienen porqué darse todas las situaciones antes descritas al mismo tiempo. En general, el secreto para lograr la satisfacción en una relación de pareja es establecer unas buenas pautas de comunicación y, reconocer estas situaciones nos puede ayudar bastante en el proceso, tanto en la prevención como en la intervención.

Escrito por María Esclapez

María Esclapez

Psicóloga especializada en Sexología Clínica y Terapia de Parejas. Sex Coach.

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