Felicidad

Nunca nos damos cuenta del valor de las cosas hasta que se convierten en recuerdos. Nos empeñamos en alcanzar la felicidad intentando conseguir lo que no tenemos cuando apenas valoramos lo que tenemos, y obviamos que esa actitud a menudo puede resultar autodestructiva: siempre queremos más y nunca estamos conforme.

La mayoría de las veces visionamos en túnel y fijamos nuestra atención en la obtención de un único objetivo en la vida (o uno tras otro) sin pararnos a observar lo que nos rodea, sin pararnos a pensar si con ello ya somos lo suficientemente felices o no. Plantearse metas a corto y largo plazo está muy bien, sin embargo, en el camino del logro también existen otras cosas de las que apenas somos conscientes por aquello de que “miramos sin mirar”.

El objeto de la felicidad puede llegar a ser tan subjetivo como tantas formas de ver el mundo haya. Cada persona tendrá su propia visión, al igual que sus distintas maneras, todas respetables, de lograr y alcanzar esa felicidad.

Sea cuales sean esas metas y esas formas de alcanzar nuestros logros y nuestras ilusiones, vivamos. Vivamos cada momento y cada instante como si fuese el último, saboreemos y exprimamos cada segundo que marquen las manecillas del reloj como si después de cada uno de ellos ya no hubiese nada más. Pensemos por un instante, ¿Qué pasaría si mañana se acabara el mundo? ¿Y si cada uno de nosotros desapareciera sin más? Pensemos en las cosas que hemos hecho hasta ahora. Pensemos en los momentos que se fueron y no regresarán y que además no supimos aprovechar en su momento. Aquellas cosas que pasemos por alto en su momento y no le dimos la suficiente importancia, es hora de meditarlas y preguntarse si igualmente con ello estamos satisfechos. Probablemente nos hayamos dejado algo por el camino: una situación sin valorar, un beso sin saborear, un abrazo sin dar, un te quiero sin pronunciar… Pensemos en lo que tenemos, lo que queremos y deseamos y lo que pudimos hacer y no hicimos por miedo o desgana. Creemos que hemos hecho suficiente, pero nunca nada es suficiente en esta vida, sino necesario.

A pesar de lo subjetivo que pueda llegar a ser la felicidad ésta se compone de fragmentos de la vida diaria, pequeñas cosas que se convierten en grandes cosas y momentos inolvidables que compartir con los demás. ¿Será ésta la mecha encendida que dará inicio a uno de esos momentos? Yo pienso que nunca es tarde para empezar a ser feliz.

Escrito por María Esclapez

María Esclapez

Psicóloga especializada en Sexología Clínica y Terapia de Parejas. Sex Coach.

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