Canción a dos voces

Yo estaba en aquella habitación, en ropa interior, acostada en la cama y acumulando ganas. Te esperaba desde hacía horas.

Miraba el reloj, las 14:30. Dios Santo, no veía el momento de verte entrar por esa puerta.

Me mordía el labio inferior, inquieta, deseosa. Acariciaba mis muslos imaginando que mis manos eran las tuyas. Subía lentamente hasta mis pechos. La sensación me parecía tan agradable que mi piel se erizó y los pelos se me pusieron de punta.

De pronto tocaste la puerta y mi corazón dio un vuelco. Me coloqué rápidamente la bata y decidida abrí la puerta.

Allí estabas tú y allí estaba yo. Sonreímos. No dijimos nada, no era necesario, ya lo habíamos dicho todo. Habíamos gastado las palabras. Ahora era el momento de dejar hablar a nuestros cuerpos.

Comenzamos a besarnos. Lo recuerdo perfectamente, recuerdo aquella mirada incrédula, aquella sonrisa tímida. Recuerdo tus manos acariciando mis pechos; tu boca paseando su lengua por mi cuello; tu respiración al compás de la mía, ambas aceleradas.

Fuiste a quitarme la bata, y nerviosa quise ayudarte. “Ssh. Tranquila, de esto me encargo yo.” Sonreí mientras deshacías el lazo y dejabas caer la prenda al suelo. Allí estaba, semidesnuda por primera vez delante de ti.

Me miraste de arriba abajo. Terminaste de desnudarme, despacio, sin prisa, y de repente te entró el hambre. Te acercaste a mi oído y me susurraste: “Que ganas tengo de follarte”. Y a partir de ese momento toda la pasión acumulada se desbordó. Besos, caricias, mordiscos… todo valía mientras me conducías de espaldas a la cama.

Una vez me invitaste a tumbarme, te inclinaste hacia mí, me mordiste el labio y deslizaste tu mano hasta mi entrepierna para acariciarla. Noté tu cara de satisfacción al comprobar que estaba lo bastante húmeda para ti, así que tú también te tumbaste encima de mí.

Entraste en mí, me la metiste entera de golpe. Te encantó ver cómo mi cara cambió de un segundo a otro. En ese momento se acabó la delicadeza y empezaste a follarme con las mismas ganas que un músico compone una canción; una canción a dos voces: la tuya y la mía.

Escrito por María Esclapez

María Esclapez

Psicóloga especializada en Sexología Clínica y Terapia de Parejas. Sex Coach.

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