Redes sociales y nuevas tecnologías: efectos en jóvenes y adultos

El objetivo de las nuevas tecnologías siempre ha sido facilitarnos la vida y, siendo objetivos, podríamos asegurar que los grandes y rápidos avances en el ámbito han aportado numerosos beneficios, principalmente dirigidos a la comodidad del individuo.

Conectarse a Internet a través de cualquier dispositivo puede ayudarnos a permanecer informados, enriquecer nuestra vida social, mantener el contacto con familiares y amigos que viven lejos, realizar compras, compartir intereses y entretenimiento, optar a puestos de trabajo, ampliar el abanico de posibilidades experienciales e incluso trabajar de manera más eficiente. Todo esto a un sólo clic, de manera rápida, sencilla y en la mayoría de casos, gratuita. El “bueno, bonito y barato” del siglo XXI.

Yo misma uso las tecnologías todos los días en mi trabajo para poder divulgar material educativo en mis redes sociales; además, gracias a ellas puedo conectar con gente que necesita orientación o asesoramiento y ofrecer mis servicios profesionales, así como contactar con otros profesionales y nutrirme de conocimientos que me ayuden a mejorar mi desempeño.

En los últimos años también se han iniciado importantes movimientos sociales en las redes y se ha comprobado, en muchas ocasiones, que el ser humano puede ser maravilloso; por ejemplo, ayudando a vender libros a un anciano que había hecho realidad su sueño de ser escritor a los 90 años, o recaudando fondos para ayudar a animales callejeros a tener un hogar, así como luchar por la igualdad de las mujeres, entre otras muchas causas humanitarias.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, las nuevas tecnologías, incluidas las redes sociales, también tienen su lado oscuro. A nivel clínico podemos encontrar muchísimos casos de personas adictas a los likes con problemas de autoestima por la necesidad de aprobación y aceptación constante de personas prácticamente desconocidas, obsesión con los seguidores e incluso dependencia en el uso de dispositivos, en especial los adolescentes, que pueden usar este medio como refugio a sus problemas.

La comida ahora se fotografía antes de comerla. Es mucho más importante la estética que el sabor, tanto, que incluso se ofertan cursos para ser todo un especialista en “la materia”.

El “postureo” dirige nuestra conducta: es mucho más importante mostrar (o mejor dicho demostrar) qué tipo de vida llevas (cuanto más lujosa, mejor), que vivir el momento y ser feliz. Que los influencers sean personas con miles o millones de seguidores que suben fotos desde el sitio más lujoso del mundo con un pie de foto del estilo “la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas”, deja mucho que desear, pero más penoso es que hordas de adolescentes quieran ser como ellos/as. Por no hablar de aquellas personas que se vienen abajo emocionalmente porque no tienen medios para tener una vida idílica y parecerse a sus ídolos en redes sociales. O sí, sí tienen medios pero no obtienen el éxito y el reconocimiento de manera rápida y automática y se vuelven a venir abajo porque “las redes sociales no dice que eso sea lo que sufren sus ídolos”. Si seguimos así, nos espera un futuro en un mundo lleno de personas materialistas, con baja autoestima y baja tolerancia a la frustración, sin oficio ni beneficio.

En lo laboral, llevarse a casa el trabajo y retroalimentar un patrón de personalidad tipo A (es decir, con ansiedad y probabilidad de desarrollar adicción al trabajo) es ahora más fácil que nunca: los correos electrónicos llegan al móvil, los portátiles y tablets son cada vez más ergonómicos y fáciles de transportar y los WhatsApps sustituyen a las llamadas de teléfono, con, además, toda la pérdida de comunicación no verbal que ello supone.

Muchas parejas tienen problemas en sus relaciones sentimentales por la toxicidad continua que producen las disputas por aspectos relacionados con las redes sociales. Los likes que da la pareja; las fotos que sube; a quién sigue y a quién deja de seguir; exigir que se actualice el perfil de Facebook a “En una relación con nosequién”; cuándo se conecta; mandar la ubicación exacta cada 5 minutos; coger el teléfono de la otra persona y tener la “libertad” de leer todos los mensajes privados; etc. ¿Esto es tener pareja? No, en absoluto, tener pareja no es estar y sentirse atado/a de esta manera. Por eso la mayoría de las que hacen esto terminan en la consulta del Psicólogo especialista. Yo misma he tratado parejas con estos problemas difíciles de manejar teniendo en cuenta que, hoy en día, quién no tiene redes sociales no existe.

Esa accesibilidad a las compras, que antes veíamos como una ventaja, también puede ser otra desventaja teniendo en cuenta que, si el estímulo es un refugio emocional, la persona puede desarrollar adicción a las compras con un muy fácil acceso: no hay más que coger un dispositivo electrónico.

Hemos cambiado los cafés o las cervezas por los “me gusta” y el respeto y tolerancia por la imposición.

En esta otra cara de la moneda, también puedo argumentar desde mi propia experiencia. He observado que el comportamiento de las personas, en especial en redes sociales, puede llegar a ser totalmente desesperanzador. Cualquier persona expuesta a la opinión pública puede sufrir el acoso de otras personas que, al permanecer detrás de una pantalla, atacan sin filtro alguno. Es horrible ver lo cruel que puede llegar a ser el ser humano cuando se dan las condiciones necesarias para crear un contexto en el que un determinado grupo de personas con opiniones similares que se apoyan entre sí, hace daño a otra que desconoce por completo por el mero hecho de tener la razón o “quedar bien” a ojos de los demás seguidores. El “y tú más” no se queda sólo en un mundo virtual, traspasa las pantallas y crea auténticos haters u odiadores que hacen un daño real e importante al que recibe el acoso y a ellos mismos. Estos haters, trolls o como queramos llamarlos, terminan extrapolando la perspectiva odiadora al mundo real y los acosados o víctimas ven cómo su autoestima se derrumba sin poder hacer nada al respecto. El efecto psicológico es devastador y aquí estamos y así seguimos, sin hacer nada al respecto.

En resumen; desde mi punto de vista, las tecnologías y redes sociales son un arma de doble filo. Por un lado pueden ser maravillosas siempre y cuando su uso se ejerza con responsabilidad, pero por otro lado, pueden ser la perdición del individuo y la sociedad. Por desgracia esta última parte ya ha empezado.


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Escrito por María Esclapez

María Esclapez

Psicóloga especializada en Sexología Clínica y Terapia de Parejas. Sex Coach.