Perdiendo los papeles

Flaming_cocktails

Aseguran que hay pocas cosas peores que el orgullo. Capaz de llevarte a toda velocidad directo a un callejón sin salida. Por supuesto, perdidos los frenos, el golpe es inevitable. Y ella siempre ha sabido cortármelos para no parar aunque yo quiera. La verdad es que no me gustaría tanto si no tuviera esa habilidad.

Quedamos en un bar de moda que por las tardes hace de cafetería. Menos mal que he tenido la decencia de arreglarme porque ella va radiante. Camina con una elegancia tal que hasta las baldosas parecen lamer sus tacones y su cara irradia una seguridad ante la que solo me queda tragar saliva. No puedo más que levantarme como un resorte, casi como si me lo hubiera ordenado, y mover la silla para que se siente.

Estamos en una mesa algo escondida del local: las lámparas no están orientadas en nuestra dirección y algo alejados de la barra. La conversación se dirige al mismo tema de siempre: escribir. Y, por supuesto, leer lo escrito. Es un placer escuchar a alguien hablar de lo que le apasiona, le brillan los ojos y se le ilumina la cara. Está preciosa cuando lo hace.

No contenta con tenerme embelesado decide vacilarme. Al principio me pilla completamente descolocado pero poco a poco comienzo a despertar y se torna un divertido juego entre los dos. -Ya era hora de que reaccionaras, estabas muy aburrida hoy- Sus palabras me pillan de improviso y, por extraño que pueda parecer, hieren mi orgullo. Se ríe al observar cómo mi cara cambia la expresión y se lleva el vaso a los labios para disimular.

Los dardos que me ha lanzado en apenas un par de segundos hace que me sienta como un mero juguete en sus manos y, aunque eso es excitante en otras circunstancias, hoy me está generando una ligera sensación de cabreo. «Voy a enseñarle quien manda aquí». Esa frase retumba en mi cabeza produciéndome sorpresa. No me había considerado una persona dominante; en la cama algo sí alternaba pero ¿en este sentido? Nunca.

Me imagino poniéndola contra la pared mientras le tiro del pelo y poder dejar ese cuello tan apetecible al descubierto para morderlo hasta dejarle marca. Después apoyándola sobre la mesa y follándola de espaldas, con fuerza, tirándolo todo al suelo en cada embestida. Sintiéndola mía. Salgo de la espiral de pensamientos antes de que sea demasiado tarde pero… ya lo es.

-Vas a ir al baño, te vas a quitar las bragas y las vas a dejar encima de la mesa-. Sus ojos se abren, asombrados, y casi se atraganta con la bebida. -¿Pero qué dices?¿Estás loco?- Sonrío de medio lado. -¿No estaba siendo aburrido? Tráemelas- La sonrisa desaparece de mi rostro y mi voz comienza a sonar como si fuera una orden.

-No pienso hacer eso y no puedes obligarme-. Me dice, desafiante, esperando alguna reacción por mi parte que le haga saber que ha ganado. Pero no lo encuentra. -Mira, llevas toda la tarde vacilándome y me he cansado. Ahora mismo lo único que me apetece es follarte contra la pared del bar y quitarte esos aires de superioridad que traes arrancándote gemidos desde lo más hondo de tu alma. Pero solo estamos empezando, así que me vas a dar tus bragas-.

Le doy un trago a mi bebida mientras la miro a los ojos, esperando su reacción. Su apariencia de incredulidad parece romperse detrás de su mirada. Algo ha cambiado y no quepo en mí de gozo. -Y si no lo hago ¿qué?- Me pregunta, dubitativa. -Pago y me voy-. Lanzo mi órdago, nervioso, esperando que no se note. Espero unos segundos a que se decida pero ella solo se queda inmóvil, sin reaccionar. No me queda más remedio que cumplir mi amenaza. -Como quieras- le digo, mientras saco la cartera. -No, espera- Me dice mientras pone su mano sobre la mía. Se levanta y va al baño.

Ya puedo respirar tranquilo, ha cedido. No esperaba que este pulso entre los dos me excitara aún más. Noto perfectamente la presión en los pantalones y me resulta prácticamente imposible esperar a que vuelva. ¿Cuánto puede tardar en quitárselas?¡Si lleva falda! Me empiezo a impacientar y mis dedos martillean nerviosamente la mesa hasta que, al fin, aparece. Está ligeramente nerviosa y deja su ropa interior a la vista. Les echo una ojeada y las dejo ahí. Es un culotte negro, de encaje. Venía preparada.

-¿Pero qué haces?¡Cógelas!- Me susurra. Sonrío y le espeto -Espera-. Tras un sorbo intencionalmente lento, las cojo. Siento una gran satisfacción cuando al posar mi mano noto que está mojado. La miro. sabe que es por eso y sus mejillas se sonrojan ligeramente. Está de espaldas a la barra y se me ocurre una genial idea mientras observo cómo la camarera habla animadamente con un cliente. Acerco mi silla a la de mi acompañante y acariciando con mis labios su oído le ordeno que abra las piernas.

Obedece sin rechistar y mi mano se cuela por debajo de su falda, acariciando lentamente sus muslos mientras avanza. Su boca se abre ligeramente cuando mis dedos rozan su sexo; húmedo, caliente. Noto cómo palpita en las yemas de mis dedos. -¿No te da vergüenza estar tan mojada y sin bragas?- Impido que responda hundiendo dos dedos dentro de ella. -Así me gusta, sin rechistar-. Y comienzo a acariciar su clítoris con mi pulgar, en suaves círculos que poco a poco van aumentando en intensidad.

Su mano se clava en mi pierna con cada movimiento. La sensación de que está a mi merced me excita cada vez más y no sé cuánto más podré contenerme. Por sus gestos, ella comienza a tener problemas para acallar sus gemidos, su labio inferior está casi blanco de lo fuerte que lo muerde y su cara comienza a brillar por el sudor.

Deslizo mi lengua por su cuello, en un movimiento ascendente, hasta su oreja -Seguro que estás deseando que te folle-. Con los ojos cerrados agita la cabeza arriba y abajo, asintiendo. Sus uñas cada vez se hunden más en mi piel. -Solo tienes que pedirlo con educación.- Digo, sonriendo. Sus ojos se clavan en los míos y casi podría asegurar que hay odio en su mirada, lo que no hace más que ampliar mi sonrisa. -Fo..¡Ah!…- Mi mano no ha parado de moverse dentro de ella y le cuesta hablar sin saltar ningún gemido. -Fólla…me. Por… favor- La última palabra parece casi escupida, un esfuerzo final antes del premio.

Observo cómo la camarera sigue hablando. -Abre la boca- Mis dedos abandonan su sexo para introducirse en su boca, los cuales lame ávidamente. -Escúchame muy bien porque no te lo pienso repetir. Ahora te vas a ir al baño y vas a masturbarte. Pero no tienes permitido correrte-. Asiente con la cabeza, así que libero su boca y le permito marcharse al aseo.

Ajusto mi pantalón para que al levantarme no se vea el tremendo empalme. Me acerco a la camarera y le pido la cuenta. Tras pagar le pregunto amablemente dónde está el baño. Sé perfectamente dónde está, pero quiero que siga esperando un poco más. Cuando llego la veo apoyada en la cisterna, con las piernas abiertas y masturbándose salvajemente -Joder, cuánto has tardado-.

Con mi mano izquierda aprisiono su cuello mientras con la derecha libero mi miembro del pantalón. Lo agarro bien para introducirlo lentamente dentro de ella mientras la miro a los ojos y observo cómo se abren conforme voy entrando en ella. Comienzo a mover mi cadera, cada vez más rápido y fuerte, hasta que con sus piernas rodea mi cintura. -¿Te vas a correr?- Le pregunto sin parar de embestirla contra la pared. Con la cabeza me indica que sí -Pronto-.  Así que paro -No, aún no. No te he dado permiso-.

La levanto de la cisterna y le doy la vuelta. Observo su culo, redondo y suave, y no puedo evitar azotarla con fuerza a lo que ella responde con un gemido. Con mis manos separo sus nalgas para poder observarlo bien. Escupo en su culo para lubricarlo. -Te voy a follar el culo y te va a gustar- le digo, mientras con la mano izquierda la agarro del pelo para tirar de su cabeza hacia atrás.

Voy hundiendo mi polla en su culo, sin prisa, que se vaya dilatando a mi paso. Clavo mis dientes en su hombro, para usarlo como agarre cuando empiezo a penetrarla con más fuerza. Observo como ella lleva su mano a su coño para masturbarse al ritmo que voy marcando. Mi sentimiento de posesión es inmenso y eso hace que cada vez la embista más fuerte.

Sus jadeos van en en aumento y amplifican mi excitación, hundiendo mis dientes en su carne con mayor intensidad. -Me corro. Me voy correr. Joder, me voy a correr- Me grita. Yo ya no puedo más y siento como la tensión se va acumulando en mi polla, a punto de explotar.Justo cuando sus gritos indican que su orgasmo llega el mío se libera, inundándola por dentro con mi corrida.

Estoy exhausto. Nunca he hecho nada parecido ni esperaba hacerlo, pero ha sido una experiencia maravillosa. Al sacar mi miembro de su culo observo cómo mi semen también sale, resbalando hasta su coño. -No quiero que te limpies hasta llegar a casa. Ahora puedes irte- Le digo tras besarla por primera y última vez hoy. Se arregla un poco el pelo y se coloca bien el vestido, para marcharse altiva y con la misma seguridad que irradiaba cuando entró al bar.

Cuando llego a mi casa recibo un mensaje suyo. -Por tu culpa he tenido que limpiar hasta los tacones.- Le pregunto que cuándo volveremos a quedar mientras una sonrisa se dibuja en mi cara al recordar que aún llevo su ropa interior en el bolsillo.

Escrito por seXreto

seXreto

Dicen que hay que ser un caballero en la calle y un animal en la cama. Escritor en mis ratos libres. Si me lees y no te masturbas, mal voy

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