• Relatos eróticos
  • (Con)Tacto.

    Lunes 17. Habitación 405. Las 18:01 de la tarde. Bebíamos ginebra con tónica a tragos largos, como si con ello pudiéramos saciar la sed que nos teníamos el uno al otro. ¿Jugamos a un juego? – pregunté con la mirada fija y la sonrisa pícara a la que empezaba a acostumbrarse. ¿Cuál? – dijo tras […]

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  • Vacía

    Vacía. Lo vi. Vi cómo salía por aquella puerta, dando un portazo con la misma intensidad con la que acariciaba mis muslos en la cama la noche anterior. Habíamos discutido. Lo que antes eran voces y gritos se había convertido en un silencio apuñalado por las agujas del reloj. Quedé callada, mirando sin mirar. Ni […]

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  • Amor en sueños

    Vestida de rojo entro a un bar. Mis ojos saben que te encontrarán y te buscan desesperadamente. Ahí estás tú, sentado en aquella mesa al final del salón. Mi corazón me ha dicho que no me permite ver a nadie más. Mis piernas responden torpemente ante la señal de comenzar a caminar. Maldita sea. Respiro […]

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  • Fantasías de sumisión

    Esa mañana me puse unos vaqueros ajustados y una camisa con escote que dejara ver parte de mis pechos. Al entrar en clase me senté en primera fila, como siempre. Estaba lista para empaparme de todo conocimiento posible. Aunque en realidad, no era de conocimiento de lo que más quería empaparme. Me sentía totalmente atraída […]

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  • Se mira pero no se toca

    Un baile. Algo improvisado. Se me da bien improvisar. Sólo necesitaría que te sentaras en alguna parte y prestaras atención. Empezaría con una bata de raso negra puesta. Lo primero que haría sería quitarme la bata. Al principio la abriría sólo un poco, mostrando parte de mi cuerpo, dejando entrever uno de mis mulsos y, […]

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  • Canción a dos voces

    Yo estaba en aquella habitación, en ropa interior, acostada en la cama y acumulando ganas. Te esperaba desde hacía horas. Miraba el reloj, las 14:30. Dios Santo, no veía el momento de verte entrar por esa puerta. Me mordía el labio inferior, inquieta, deseosa. Acariciaba mis muslos imaginando que mis manos eran las tuyas. Subía […]